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Mostrando entradas de septiembre, 2022

Poema TRISTITIA | Autor: Abraham Valdelomar

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Mi infancia, que fue dulce, serena, triste y sola, se deslizó en la paz de una aldea lejana, entre el manso rumor con que muere una ola y el tañer doloroso de una vieja campana. Dábame el mar la nota de su melancolía; el cielo, la serena quietud de su belleza; los besos de mi madre, una dulce alegría, y la muerte del sol, una vaga tristeza. En la mañana azul, al despertar, sentía el canto de las olas como una melodía y luego el soplo denso, perfumado, del mar, y lo que él me dijera, aún en mi alma persiste; mi padre era callado y mi madre era triste y la alegría nadie me la supo enseñar.                           Del libro Las voces múltiples (1916)

CANCIÓN A LA PRIMAVERA

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Ya llegó la estación más hermosa la primavera con todo su color. Dónde vuelan felices mariposas y los pájaros regalan su canción. Qué feliz yo me siento ahora porque puedo correr y saltar. Cierro mis ojos y sueño me imagino que puedo volar. Ya llegó la estación más hermosa la primavera con todo su color. Dónde vuelan felices mariposas y los pájaros regalan su canción. Qué feliz yo me siento ahora porque puedo correr y saltar. Cierro mis ojos y sueño me imagino que puedo volar.

Poema LA NIÑA DE LA LÁMPARA AZUL | José María Eguren

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En el pasadizo nebuloso cual mágico sueño de Estambul, su perfil presenta destelloso la niña de la lámpara azul. Ágil y risueña se insinúa, y su llama seductora brilla, tiembla en su cabello la garúa de la playa de la maravilla. Con voz infantil y melodiosa con fresco aroma de abedul, habla de una vida milagrosa la niña de la lámpara azul. Con cálidos ojos de dulzura y besos de amor matutino, me ofrece la bella criatura un mágico y celeste camino. De encantación en un derroche, hiende leda, vaporoso tul; y me guía a través de la noche la niña de la lámpara azul. Del libro  La canción de las figuras  (1916)

Poema Los HERALDOS NEGROS | de César Vallejo

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Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé! golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma… ¡Yo no sé!   Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas; o los heraldos negros que nos manda la Muerte.   Son las caídas hondas de los Cristos del alma de alguna fe adorable que el Destino blasfema. Esos golpes sangrientos son las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.   Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza, como charco de culpa, en la mirada.   Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!   Del libro Los heraldos negros (1918)